Asociación de Amigos de la Fuerza de Trabajo
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El instante impresidible: deflagración a la espera de la madurez temprana.
 El ”Me Cago en la Puta” y la Crisis de la Estética en la Época Moderna:  

             -“La verdadera vida está en otra parte.Escapa, sin duda alguna, a esta lógica del deber-ser bien estudiada.” M. Maffesoli (El Instante Eterno.)

          ¿Y si me cagase en la puta?. Pero no así, a vuelapluma, como quien no quiere la cosa. No, no. Me refiero a un “cagarse en la puta” necesario, primordial incluso. Porque aún somos modernos (todavía pertenecemos a esa época que Maffesoli llamó “del drama”); demasiado para ser capaces de engendrar (dejar que se engendre en nosotros) un estado afectivo acorde a la tragedia, esa que sólo sufrimos cuando todavía somos incapaces de entenderla, en la niñez, aquella en la que jugábamos con seriedad (que diría Nietzsche). Entonces, en el momento en que “me cago en la puta” , una de tantas veces que lo hago al día, realmente no estoy siendo consciente del calado trágico que ostenta el juramento. La velocidad que alcanzan las palabras, y lo liviano de su transitar desde mis entrañas, pasando por mi garganta en forma de golpes ventosos, llegando a la laringe haciendo vibrar las cuerdas vocales para,finalmente, resonar en mi boca y ser expulsadas, hace tarea casi imposible que me percate de la verdadera importancia que podría llegar a alcanzar un portentoso y grave ¡ME CAGO EN LA PUTA!. Pienso que quizá le ha ocurrido lo mismo que le ocurrió a la cotidianidad, que de tanto sufrirla la hemos olvidado, y al final, como diría Blanchot, se ha vuelto lo más difícil de conseguir.

     Porque “me cago en la puta” y demás imprecaciones, han perdido su valor estético. De hecho,la estética se ha sido arrebatada a si misma. Sustituida. Figurada. Simulada. Vaciada de cualquier aposicíon, de cualquier síncope o sinestesia. Ha sido desposeída del desbordarse que suponía. ¿Por qué? Porque los modernos debemos ser éticos, y nunca mejor dicho: “debemos ser”. “Debemos ser” mira hacia el futuro, no para hacerse responsable de lo que pueda ocasionar tú ahora; que no nos engañe el tiempo verbal. Mira hacia el futuro porque necesita progresar a toda costa, pues sobre el ahora no se puede hacer metafísica ni mucho menos ética. Sobre el pasado, solo caben juicios de valor a posteriori, construcciones de coherencia, axiomas ordenadores de los hechos, que una vez asentados, se vuelven siervos para la organización especulativa y ética del futuro (que no del por-venir). Pero hay algo en la estética que desarticula a la ética: la capacidad de alcanzar el tiempo de lo místico, que no es si no, el tiempo de la repetición. Y ojo, que la determinación es fundamental, lo molesto es que lo determinante sea la ética  sin más, tout court: lo interesante de Apolo, es que sea desbordado por Dioniso. Pero no hay Dioniso sin Apolo. El tiempo de lo místico exige un orden de cosas bien distinto. El tiempo de lo místico es un cortocircuito (y en ese sentido es un “me cago en la puta”) donde tiempo y espacio y, así mismo, el tridente temporal (presente, pasado y futuro) se colapsan, pues en su unicidad, alcanzan su masa crítica.  

     Para nosotros, los modernos (¡cómo nos odio!), pensar en un arte separado de la ética es sinónimo de aberración. “Poussin aux enfers” de Peter Watkin (que corona este texto)  es una soberana cagada, un puñetero incordio, un insulto a la vista. Pero eso es sólo porque nos hemos colmado de futuro y nos molesta todo aquello que desmorone el puritanismo de nuestra, cogida con pinzas, moralina. Pero Watkin es muy listo, y “Poussin aux enfers” uno de tantos ejemplos perfectos de lo que es la obra de arte. La escena no puede ser mas reveladora: Una gorda, y bastante fea, venus enmascarada posa para un cadáver putrefacto que la retrata, abrigada por un fondo pictórico que representa la gnosis mística. ¿Dónde esta la virtud? En la sutileza con que se presenta cada elemento. Me explico:  La foto representa (representea). Re-presentea, trae al presente. “Arrejunta” y comunica de forma sincopada un sin fin de contrariedades. (El que vea esta fotografía y no rememore las obras, por ejemplo, de Giotto, pero más expresamente las de El Bosco, es porque sigue siendo un moderno de mierda. Un hipster: “Es que El Jardín de las Delicias es tan Mainstream…” Y de repente le cae la ostia de su vida…): La muerte que retrata la vida, una fealdad bella, una evocación de lo clásico desde la moderna máquina fotográfica etc, etc, etc. Los tiempos, y los espacios, dispares y diversos, se concentran en una misma escena. Toda ella (la escena), acechada (nada azarosamente) por la gnosis  que le sirve de fondo. Peo no una gnosis (ni la expuesta, ni la que uno sufre al contemplar la obra) en el sentido de Aufklärung, que sería una iluminación intelectual, si no que estamos ante la Erleuchtung, la experiencia de lo divino.

          Me cago en la puta, forma parte , y representa, lo escatológico del lenguaje. No es una pauta de conducta, ensucia la boca de quien lo menta, se restringe su uso. ¿Pero, acaso no es un hermoso decir? ¿No acompaña acaso, algún que otro clímax erótico, a algún que otro momento de exaltación? ¿no encaja perfectamente un buen “me cago en la puta” con el paroxismo, con la atracción apasionada entre alteridades?. Es, junto a la fina y respetuosa figura, el indecente y estulto desbordamiento aquello que esta en juego en el arte. ¿Y no se merece ese combate un elevado “me cago en la puta” por parte del segundo?.    

    Así que ,gritad conmigo hermanos, sin vergüenza ni pudor, pero henchidos de vigor, un buen y refrescante ¡ME CAGO EN LA PUTA!. 

Bienaventurados los refractarios
pues de la arcilla de sus reticencias
saldrán los hornos donde se forjen
todas las transformaciones futuras.
-Santa Mortandad: Por una zombificación de lo divino.
Dios es un cadáver, pero uno especialmente desgarrador. Una fuerza tan repulsiva que nos obliga a mirar, aunque sólo sea por la pequeña ranura de las manos que nos llevamos a los ojos, y que, en su clímax, su espectacularidad se vuelve imposibilidad de ver. Es exceso.
 ”Los griegos hablan de la contemplación del dios como exceso que conduce a la muerte o a la locura, producida en este caso por el efecto de llevar hasta el límite los cánones de la belleza y la perfección.”
  Lo mismo pasa con el horror al cadáver autómata, que desde su falta de voz (en ese sentido son infantes) sobrepasa todo los canales de la razón y desborda el lenguaje o cualquier tipo de filtro cultural. Excede la capacidad de ver.
En estos términos, Dios es un Zombi. No en vano, nzambi ( de donde procede el termino zombi), designa tanto al espíritu de la persona muerta, como a Dios.¿ Que otra cosa que no sea divinidad podría extenderse como no-muerte en la desfachatez de un cadáver que anda?
" Así, el no-instante, el no-lugar de la muerte aparecen tortuosamente prolongados en ellos[los zombis], hasta el punto de recordarnos, justamente por la fascinación y el desconcierto de esta muerte eterna, de ese silencio perpetuo, lo desconocido personificado, el signo para la ruptura con nuestra razón, nuestra locura en carne y hueso."
Blanchot decía que la muerte era aquello que no se podía situar como acontecimiento, y por tal insensatez fue devorado y destripado por una horda de no-muertos, desde entonces vaga por Vézeley buscando el cuerpo putrefacto de Bataille (es por todos sabido que los muertos vivientes gustan de comerse a sus amigos) acompañado por Derrida, que nunca fue tan feliz como el día se transformó en fantasma (ahora , cuando no está con Blanchot, anda por ahí deconstruyendo cosas. De hecho, en varias localidades de El-Biar se han capturado varias psicofonías en las que se intuía la palabra différance aún cuando realmente estaba escrito différence. ¡Qué diablillo!, ni muerto deja de ser un cachondo). Y así mientras uno deconstruye desde su fantasmagoría, el otro se desconcierta del acontecimiento de su muerte.Y es que es justo y de derecho, que si la muerte no es un acontecimiento, el día que ves un montón de zombis no te horrorices, y con sonrisa lupina, te acerques  con todo tu escepticismo a darles de comer. 
Sociología sagrada: “Estudio de la existencia social en todas aquellas manifestaciones suyas donde apunta la presencia activa de lo sagrado. De este modo  se propone establecer los puntos de coincidencia entre las tendencias obsesivas fundamentales de la psicología individual y las estructuras directrices que presiden la organización social y rigen sus revoluciones.” (R Caillois, G. Ambrosino, G Bataille,  P Klosowski, P Libra, J Monnerot, revista Acephale citado en El colegio de sociologia, Taurus)"El hombre valora hasta el máximo ciertos instantes escasos, fugaces y violentos de su experiencia íntima. El Colegio de Sociología parte de este dato y se esfuerza por descubrir pasos equivalentes en el centro mismo de la existencia social, en los fenómenos elementales de atracción y repulsión que la determinan, así como en sus composiciones más acusadas y más significativas, como las iglesias, los ejércitos, las cofradías y las sociedades secretas. Tres problemas principales imperan en este estudio: el del poder, el de lo sagrado y el de los mitos. Su resolución no es asunto sólo de información y de exégesis: es además necesario que abarque la actividad total del ser. Desde luego, exige un trabajo en común realizado con una seriedad, un desinterés, una severidad crítica capaces no sólo de acreditar los resultados eventuales, sino de imponer respeto desde el principio de la investigación. Sin embargo, oculta una esperanza de orden completamente distinto y que da a la empresa todo su sentido: la aspiración de que la comunidad así formada desborde su plan inicial, vaya pasando de la voluntad de conocimiento a la voluntad de poder, se convierta en el núcleo de una conjura más amplia -el cálculo deliberado de que ese cuerpo encuentre un alma.” (R Caillois, Para un colegio de sociología, ibidem)
Diccionario teológico anti-moderno.
La desesperación del hombre de izquierdas consiste en combatir en nombre de principios que le prohíben el cinismo.
E. Cioran

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